—Dejé de financiar a personas que me desprecian.
Capítulo 2
—Dejé de financiar a personas que me desprecian.
Los amigos que cinco minutos antes se reían ahora evitaban mirarme.
Mauricio se inclinó sobre la mesa.
—No puedes hacer esto. Ya habíamos hablado de que tú no deberías manejar tus finanzas sola.
Aquella frase era exactamente la que necesitaba escuchar.
Llevaba tres meses esperando que la dijera delante de testigos.
Mauricio creía que por tener 70 años yo ya no entendía estados de cuenta, escrituras o contratos.
Olvidaba algo importante.
Yo había construido Residencias Vida Serena desde una pequeña casa de cuidados con 12 habitaciones hasta convertirla en una empresa valuada en más de 1,400 millones de pesos.
Sabía perfectamente cómo se veía un fraude cuando alguien intentaba disfrazarlo de trámite.
Durante meses habían comenzado a desaparecer documentos de mi estudio.
Mauricio me llevaba papeles para firmar.
—Es rutina, mamá.
—Es para organizar tu retiro.
—Es mejor que yo me encargue de todo.
Yo fingía distraerme.
A veces preguntaba
dos veces lo mismo a propósito.
En otras ocasiones dejaba que me explicara cosas que entendía mejor que él.
Mauricio creyó que me estaba deteriorando.
En realidad, estaba dejando que se confiara.
Me quité el gorrito de cumpleaños.
Después miré hacia las puertas de vidrio esmerilado del salón.
Dos siluetas esperaban detrás.
Mauricio siguió hablando.
—Mamá, esto demuestra precisamente por qué necesitamos protegerte. Estás reaccionando de manera impulsiva.
—Tienes razón —respondí—. Alguien ha estado manejando mis finanzas.
Él sonrió, convencido de que había ganado.
Yo también sonreí.
—Por eso invité a dos personas a cenar.
Las puertas de vidrio se abrieron y entraron mi abogada, la licenciada Irene Valdés, y el doctor Salgado, geriatra certificado que llevaba semanas evaluándome sin que Mauricio lo supiera.
Detrás de ellos venía un contador forense con una carpeta negra.
Karla bajó el teléfono.
—¿Qué es esto?
—Mi cumpleaños —respondí—. Y la primera reunión formal
para protegerme de mi propio hijo.
Mauricio se puso de pie.
—Esto es ridículo.
La licenciada Irene dejó varios documentos sobre la mesa.
—Ridículo es intentar promover una incapacidad legal usando reportes médicos falsos, transferencias no autorizadas y testimonios comprados.
Uno de los amigos de Mauricio se levantó como si la silla quemara.
—Yo mejor…
—Siéntese —dijo Irene—. Usted aparece como testigo en uno de los documentos.
El silencio se volvió espeso.
Capítulo completado
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