Sofía bajó al estacionamiento y caminó hasta una ferretería cercana.
Capítulo 5
Sofía bajó al estacionamiento y caminó hasta una ferretería cercana.
Compró un juego completo de cerraduras nuevas.
Después llamó a un cerrajero.
El hombre llegó poco después en una motocicleta vieja, cargando una caja de herramientas que parecía haber sobrevivido a varias décadas de trabajo.
En menos de una hora, retiró el cilindro viejo y colocó uno nuevo.
Cuando terminó, dejó dos llaves brillantes sobre la palma de Sofía.
Ella las observó durante unos segundos.
Eran solo dos pequeños pedazos de metal.
Pero representaban algo que hacía mucho tiempo no sentía.
Control sobre su propia vida.
Esa noche, Sofía preparó enchiladas para una sola persona.
Puso un plato en la mesa.
Solo uno.
Se sirvió una copa de vino y encendió una vela con aroma a vainilla en la sala.
Después se sentó en el sofá.
No había ropa de Javier tirada en las sillas.
No había cañas de pescar apoyadas contra las paredes.
No había vasos sucios esperando junto
al fregadero.
Y, sobre todo, no había nadie diciéndole qué podía o no podía hacer dentro de su propia casa.
El departamento le pertenecía.
Desde los cimientos hasta el último ladrillo.
Afuera, Los Ángeles seguía brillando con su ruido habitual: autos sobre las autopistas, sirenas lejanas, luces encendiéndose y apagándose en los edificios.
Pero dentro del departamento reinaba una tranquilidad profunda.
Cálida.
Definitiva.
Con el paso de los días, Sofía también cambió aquel fregadero que Javier tanto presumía haber instalado.
Eligió uno nuevo.
Lo pagó con su propia tarjeta.
Y contrató a un verdadero plomero para colocarlo.
Nunca volvió a gotear.
Tampoco volvió a encontrar unas chanclas ajenas junto a la puerta.
Y cada vez que Sofía giraba la nueva llave para entrar a casa, recordaba una verdad muy sencilla:
Javier había querido echarla para instalar a su amante embarazada.
Lo único que olvidó fue averiguar primero de quién era
realmente el departamento.
***END.***
Capítulo completado
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