El control remoto se le resbaló de los dedos a Javier.
Capítulo 2
El control remoto se le resbaló de los dedos a Javier.
—¿Qué dijiste?
Sofía señaló las tres bolsas junto a la puerta.
—En la primera está tu ropa. En la segunda puse tus cañas de pescar, las carnadas y tus herramientas. En la tercera van tus zapatos y todas tus cosas del baño. Hasta envolví tus tazas con tus suéteres para que no se rompieran.
Javier abrió la boca, incrédulo.
Luego su rostro se puso rojo.
—¡Estás loca! —gritó, salpicando el piso con el jugo que llevaba en la otra mano—. ¡Este departamento es mío! ¡Llevo cinco años aquí! ¡Yo hice un montón de cosas en esta casa!
Sofía cruzó los brazos.
—¿Tuyo?
Él se quedó callado.
—¿Ya se te olvidó un pequeño detalle, Javier? —continuó ella—. La escritura está a mi nombre. Mi abuela me donó este departamento en vida, mucho antes de que tú aparecieras.
El color desapareció del rostro de Javier.
Sofía dio un paso hacia él.
—Este
departamento es mío. Siempre lo ha sido. Tú solo eras un invitado con mucha suerte, y esa suerte se te acabó hace diez minutos.
Javier parpadeó varias veces.
Sabía perfectamente que era verdad.
La abuela de Sofía había hecho todos los trámites años antes de que ellos se casaran. Durante cinco años, Javier había vivido ahí como si fuera el dueño, hasta el punto de olvidar que legalmente no tenía ningún derecho sobre el lugar.
—Pero yo puse el papel tapiz —balbuceó—. Y cambié el fregadero.
Sofía soltó una pequeña risa.
—Si quieres, arranca el papel tapiz y llévatelo. El fregadero también. Mañana llamo a un plomero y asunto arreglado.
Javier se pasó una mano por el cabello.
—Sofi, espera…
—Ah, por cierto —añadió ella—. Tu mamá ya sabe que vas para su casa. Me dijo que el sofá cama está descompuesto, así que puedes arreglárselo mientras estás allá.
Javier
sacó el celular de inmediato.
Sus dedos temblaban mientras buscaba un contacto.
—¿Karina? Oye, tenemos un problema. Sofía dice que el departamento es suyo…
Se quedó escuchando.
—¿Bueno?
Miró la pantalla.
—¡Karina!
Volvió a marcar.
Nada.
La pantalla mostró la llamada cancelada.
Javier se quedó inmóvil.
—Me… me bloqueó.
Sofía lo observó durante un segundo.
—Qué curioso. En cuanto desapareció el departamento gratis, también desapareció el amor de su vida.
Capítulo completado
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