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Mi nuera dijo que yo no podía pagar Hawái, sin saber quién había pagado realmente el viaje
Capítulo 4 / 6

Capítulo 4

“La propietaria de la reservación es Rebecca Morgan”

1108 palabras

El vuelo había sido largo.

Lily derramó jugo de manzana.

Noah preguntó dos veces por qué la abuela no había ido.

Y Steven apenas había hablado con Amanda desde que descubrió lo de la tarjeta.

Aun así, Hawái era Hawái.

Palmeras se mecían más allá de la entrada abierta del resort.

El viento tibio olía a flores y mar.

Amanda respiró profundamente.

—Esto era justo lo que necesitábamos.

Steven no respondió.

Un empleado se llevó las maletas.

Noah miraba fascinado la alberca.

—¿Podemos nadar antes de cenar?

—Después de registrarnos —respondió Amanda.

Lily jaló la mano de su papá.

—Quiero a la abuela.

Steven desvió la mirada.

Amanda lo escuchó.

Su mandíbula se tensó.

—Ya estamos aquí.

Steven volteó hacia ella.

—¿Y eso qué significa?

—Que deberíamos disfrutar el viaje.

—Yo nunca dije que no.

—Llevas con esa cara desde Sacramento.

Steven bajó la voz.

—Le dijiste a mi mamá que no podía pagar unas

vacaciones que ella ayudó a pagar.

Amanda dejó de caminar.

—Ya te dije que pensaba devolverle el dinero.

—¿Cuándo?

—Después del viaje.

—¿Con qué?

Amanda lo miró fijamente.

Steven siguió.

—Dijiste que nuestros ahorros cubrían todo.

—Y lo hacen.

—Entonces, ¿por qué usaste su tarjeta?

—Porque tenía mejores protecciones para viajes.

Steven soltó una risa seca.

—¿Esa es tu explicación?

Una pareja cercana volteó.

Amanda bajó la voz.

—¿Podemos no hacer esto aquí?

—Tú empezaste esto en nuestra sala.

Noah se volteó.

—¿Están peleando?

Steven forzó una sonrisa.

—No.

Amanda tocó el hombro del niño.

—Ve con tu hermana.

Cuando los niños se alejaron un poco, Steven miró a su esposa.

—¿De verdad alguna vez pensaste invitar a mi mamá?

Amanda endureció el rostro.

—Sí.

—¿Entonces qué cambió?

—Quería unas vacaciones sin sentir que alguien me estaba administrando la vida.

Steven parpadeó.

—¿Administrando?

—Tu mamá siempre tiene opiniones.

—Mi mamá

cuida a nuestros hijos hasta cincuenta horas algunas semanas.

—Eso no la vuelve parte de nuestro matrimonio.

—Yo nunca dije eso.

Amanda cruzó los brazos.

—Habría querido cambiar todos los planes.

Steven la miró incrédulo.

—Mi mamá casi nunca se queja, ni cuando pedimos pizza que ni le gusta.

—Ese no es el punto.

—Entonces, ¿cuál es?

Amanda miró hacia recepción.

—Quería algo que se sintiera nuestro.

Steven bajó aún más la voz.

—Con su dinero.

Amanda se alejó.

Él la siguió.

Una recepcionista los recibió con una sonrisa profesional.

—Buenas tardes.

Amanda colocó su celular sobre el mostrador.

—Tenemos una reservación a nombre de Morgan.

La mujer tecleó.

—¿Nombre?

—Steven.

Volvió a teclear.

Su sonrisa cambió apenas.

—Un momento, por favor.

Amanda miró a Steven.

Él también lo notó.

La recepcionista revisó otra pantalla.

Después llamó a alguien discretamente.

Noah caminó hacia una jarra de agua con cítricos.

Amanda

golpeó el mostrador con las uñas.

—¿Hay algún problema?

La recepcionista regresó.

—Lo siento mucho.

Amanda se enderezó.

—La reservación aparece inactiva.

—¿Qué significa eso?

—Que no podemos completar el registro con la autorización de pago actual.

Amanda frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido.

La mujer giró ligeramente la pantalla para proteger la información.

—El método de pago vinculado a esta reservación ya no está autorizado.

El rostro de Amanda cambió.

Steven lo vio.

—Tú sabías que esto podía pasar.

—No.

—Claro que sí.

Amanda lo ignoró.

Sacó una tarjeta de su cartera.

—Use ésta.

La recepcionista la tomó.

Amanda observó con una seguridad forzada.

La terminal procesó el cobro.

Rechazada.

Amanda parpadeó.

—Pásela otra vez.

Lo hizo.

Rechazada.

Amanda respiró más rápido.

Steven se acercó.

—¿Cuánto están intentando cobrar?

La recepcionista respondió con cuidado.

—El saldo de la estancia, el depósito del resort, impuestos y gastos adicionales.

Amanda la interrumpió.

—¿Cuánto?

La cantidad hizo que Steven mirara a su esposa.

—Dijiste que el hotel ya estaba pagado.

—En su mayoría.

—¿En su mayoría?

Amanda bajó la voz.

—Puedo mover dinero.

Abrió su aplicación bancaria.

Steven miró la pantalla.

El rostro de Amanda perdió el color.

Él nunca había visto el saldo de aquella cuenta.

Ahora sí.

—¿Qué pasó con el dinero de las vacaciones?

Amanda bloqueó el teléfono.

—No aquí.

—¿Dónde está el dinero?

—Te dije que no aquí.

La recepcionista fingió no escuchar.

Steven dio un paso atrás.

—Te lo gastaste.

Los ojos de Amanda brillaron de enojo.

—Usé una parte.

—¿En qué?

—Surgieron cosas.

—¿Qué cosas?

—El patio.

Steven se quedó helado.

—Dijiste que tu bono había pagado eso.

—Pagó una parte.

—¿Y los muebles nuevos?

Amanda no respondió.

—¿Qué más?

—Este no es el lugar.

Noah regresó con un vaso de agua.

—Papá, ¿por qué no podemos subir?

Steven miró a su hijo.

Porque los adultos a veces creaban problemas que los niños jamás deberían cargar.

Tomó el vaso.

—Estamos arreglando algo.

La recepcionista se aclaró suavemente la garganta.

—Puede haber otro inconveniente.

Amanda levantó la vista.

—¿Cuál?

—Los puntos de recompensa siguen vinculados al propietario original de la reservación.

Steven frunció el ceño.

—¿Quién es el propietario?

La mujer revisó la pantalla.

—Rebecca Morgan.

Amanda se quedó completamente inmóvil.

Steven volteó lentamente hacia ella.

—La reservación original utilizó el perfil de recompensas de la señora Morgan y un método de pago autorizado por ella —continuó la recepcionista.

Amanda habló rápido.

—Ella dio permiso.

—Entiendo. Sin embargo, el acceso de la usuaria secundaria fue eliminado anoche.

Steven miró a Amanda.

—Anoche.

Ella no dijo nada.

Rebecca lo había descubierto todo.

Y esa certeza golpeó a Amanda con más fuerza de lo que esperaba.

Hasta ese momento se había imaginado a Rebecca dolida en casa.

Tal vez enojada.

Tal vez avergonzada.

Pero pasiva.

En cambio, Rebecca había entendido exactamente lo que ocurrió.

No suplicó.

No discutió.

Simplemente cerró la puerta que Amanda llevaba meses utilizando.

Amanda tomó el celular.

—Voy a llamarla.

Steven le sujetó suavemente la muñeca.

—No.

Amanda se soltó.

—¿Qué?

—No la vas a llamar para que arregle esto.

—¡Nuestros hijos están parados en el vestíbulo de un hotel!

—Por culpa nuestra.

Amanda entrecerró los ojos.

—Por culpa de que ella quitó la tarjeta.

Steven negó con la cabeza.

—Por culpa de que tú la usaste.

—Ella sabía que yo tenía acceso.

—No sabía que estabas financiando este viaje con su dinero.

—Pensaba pagárselo.

—Sigues diciendo eso.

—¡Lo habría hecho!

—¿Con el dinero que ya te gastaste?

Amanda desvió la mirada.

Eso fue suficiente respuesta.

Steven se pasó ambas manos por la cara.

Noah observaba desde unos metros.

Lily se sentó sobre una maleta.

Su labio inferior temblaba.

—¿Nos vamos a regresar?

El enojo de Amanda se quebró.

—No, mi amor.

—Entonces, ¿dónde vamos a dormir?

Amanda miró a Steven.

Él miró el piso.

Por primera vez desde que estaban casados, ninguno tenía una solución inmediata.

Capítulo completado

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