Mi prometido olvidó colgar la llamada y lo escuché decir algo sobre mis 3 hijos que me dejó helada. Seguí escuchando… y entonces entendí por qué tenía tanta prisa por casarse conmigo. No cancelé la boda. Me puse el vestido de novia, dejé que los 90 invitados ocuparan sus lugares… y después dejé que su propia voz acabara con todo.